martes, 2 de diciembre de 2008

Cómo chupar bien un pene





Relación (del latín fellare, “chupar”). Es la práctica sexual basada en agarrar un pene, metérselo en la boca y chuparlo hasta que eyacule (o no). También sabemos que ayer fue una práctica “de culto” y que hoy ya está "democratizada", extendida entre homo, bi, pan y heterosexuales, en todas las capas de la sociedad y en todos los países del mundo.


Más allá del “francés”, nombre aún le dan a la felación en los burdeles más sibaritas, la estimulación bucal del pene tiene cientos de sinónimos, que van desde los anglosajones “head” o “blow job” hasta el argentino “lustrar el pelado”, pasando por el españolísimo “mamada” (también usado en otros países hispanoparlantes), el portoriqueño “cabecear” o el mexicano “bajarse por los chescos”.


Pero… ¿de dónde viene la felación? ¿Cuál es su historia? ¿Además del hombre y de la libélula, qué animales la practican? ¿Dónde está prohibida? ¿Cómo se hace bien? ¿Provoca, como dicen por ahí, cáncer de boca? Son preguntas que intentaremos responder en las próximas líneas, sin pelos (púbicos) en la lengua.



Históricamente, resulta difícil estimar cuándo nació la felación. Teniendo en cuenta que los bononos (o chimpancés pigmeos) la practican de toda la vida, podemos aventurarnos a afirmar que el hombre (y la mujer) "comía pollas" mucho antes de ser hombre (y mujer), aunque no se han encontrado pinturas rupestres de felaciones.


Lo que sí sabemos es que el milenario Kama Sutra sí recoge decenas de posturas centradas en la felación, si bien su importancia era relativa: Vatsyayana, su autor, no consideraba la “unión sexual con la boca” como la quintaesencia del amor sagrado, pero sí una guarrería que tenía su función en la sexualidad, aunque en aquellos tiempos fuera practicada sobre todo por los amos con sus eunucos, chavales disfrazados de mujeres que bañaban a sus amos y luego les propinaban ocho tipos diferentes de mamadas.


Ligada en varias especies de animales a la homosexualidad, los arqueólogos descubrieron imágenes de sexo oral pintadas y talladas en baños públicos romanos donde merodeaban protochaperos, muy a pesar de que estas prácticas estaban terminantemente prohibidas.


Las meretrices de Fenicia y del antiguo Egipto dominaban perfectamente el arte de la felación, no en vano fueron las primeras en usar lápices de labios, cuya función era llamar la atención de sus clientes sobre su principal herramienta de trabajo para estos menesteres. Incluso la mismísima Cleopatra fue una felatriz consumada, y según sus enemigos ordeñaba los penes de sus soldados para beber su semen y así conservar su juventud.


En los burdeles más convencionales sólo se hace la "felación de puta" habitual en la era del SIDA: con condón, muy mecánica y casi sin usar la boca (lo hace todo con la mano), aunque pagando bastante más dinero puedes escoger entre otros tres tipos de francés: el bebido (con eyaculación en el interior de la boca), el profundo (o Garganta profunda, en clara referencia al clásico del cine X, que consiste en engullir el pene entero como hacía Linda Lovelace en la citada película) y el natural (sin condón).


Pero en Shangai, la nueva Meca del vicio, ya hay hoteles de lujo que ofrecen la carta Seven textures, para que el cliente escoja entre siete tipos de felación, a saber: al té (en la que se alterna té helado con té caliente para estimular el pene), al eucalipto, con burbujas de champagne o cualquier otra bebida carbonatada, con agua casi hirviendo, con hielo picado, con batido o la traca final con Peta Zetas, que asegura un fantástico orgasmo lleno de grumos y chasquidos.

Chupar el pene a un hombre es uno de los más puros placeres en la vida, pero muchas mujeres no aprecian lo divertido que puede ser y es que no saben cómo hacerlo.


Deslízate entre sus piernas y abre su bragueta, busca y palpa su pene, si está caliente para ti, ya estará dura, si es tímido, puede tenerla aún doblada en sus calzoncillos. Agarrada su pene, sube a su cara y bésale. Observa si puedes sentir una respuesta abajo. Cualquier movimiento es una buen signo. Si el miembro se pone tieso es un buen signo, sino sácalo todo, agárrale los testículos con la mano izquierda y el pene con la derecha, apriétala poco a poco hacia abajo en dirección a la base del mango y disponte a chupar.


Recorre tu lengua sobre tus labios para tenerlos listos y húmedos y míralo a la cara, él quiere mirar como le chupas; a los hombres les gusta mirar. Ahora abre tu boca ligeramente para atormentarlo y excitarlo y acércate a su pene, respira en él, sóplale con tu aliento caliente. Saca tu lengua de nuevo y tócale, atorméntalo.


Asegurándote que tu lengua está goteante de humedad, comienza en la base de su mango y lame hacia arriba, lentamente. Gira tu cabeza de lado y simula morderle, suavemente colocando tus dientes en su carne.


Humedécelo de nuevo con tu lengua y usa tu mano para esparcir el líquido alrededor si es necesario. Tu izquierda entretanto está tocando sus testículos, quizás arañándolos ligeramente con tus uñas. Puedes también querer buscar debajo y detrás de las pelotas para encontrar ese área tan sensitiva justo antes del ano, o incluso pasar tus dedos sobre su agujero muy levemente. Ya que el músculo que causa la erección comienza ahí atrás, esto producirá una reacción en su pene.


Después que hayas lamido su mango un montón de veces y está todo húmedo y duro, él comenzará a retorcerse con frustración si no comienzas a tomarlo en serio. Una rápida mirada a su cara te hará saber cuando estás llevando las cosas demasiado lejos. Atormentar es bueno... hasta un punto. Un poco de experiencia chupando penes te enseñará cuando se ha alcanzado este punto. En uno de tus balanceos hacia arriba con su lengua, desde la base de su mástil al borde de su capullo, no te detengas.


Continúa tu larga, húmeda lamida sobre la punta del pene, insistiendo en el agujero del centro. Mantén tu lengua en él, si puedes, pero no chupes su cabeza aún.


Ahora recorre con tu lengua el borde de su capullo, por todo el contorno, haciendo frecuentes pases por la piel tierna encarada hacia ti. Aquí es donde la mayoría de los hombres son más sensibles. ¡Pero no todos los hombres! pregúntale cómo se siente, si le gusta lo que le haces.


Estruja el mango y mira si brota un líquido claro. Si lo hace, baña tu lengua en él y espárcelo. Se extenderá contigo y parecerá fantásticamente erótico a tu compañero. Ahora, muestra como te gusta la sustancia.


Acércate a la cabeza del pene como si fuese un helado de crema de chocolate y mete todo el capullo en tu boca caliente. Mantenlo allí.


Escúchale gemir. Ahora baja rápidamente y mételo dentro de tu boca tanto como pueda caber dentro. No temas, no te ahogarás. Si doblas tu cuello de la manera correcta, puedes meterla limpiamente en tu garganta.


Permanece así, con el pene dentro de tu boca, durante un momento. Siéntelo dentro tuyo. Deslízalo hacia atrás hasta el extremo y chasquea tu lengua contra él. No lo dejes profundizar más en tu garganta, si lo hiciera, se correría en dos minutos.


Moviéndote tan rápido como el pueda aguantar (no le dejes correrse aún), deslízate arriba y abajo por su pene como si estuvieras follándolo. Si está muy cerca de correrse, para, o al menos frena. Si no puedes introducirla hasta el final, puedes engañarlo un poco usando tu mano derecha para completar la sensación de tragártela a fondo. Parecerá como si la hubieses metido por completo en tu boca y hasta lo sentirá igual. Puedes también deslizar tus dedos, moviéndolos en forma de O alrededor de su mango, arriba y abajo con el ritmo de su chupada.


Hay mamadas profundas y pequeñas y ambas sientan condenadamente bien. tomando tan sólo el glande en tu boca, mámalo como si fuera un pezón, esto le sienta bien al hombre. La otra mamada es larga, profunda, en la que tomas el pene completo y la chupas todo el tiempo hacia arriba como si fueras un aspirador y después abajo y lo haces de nuevo, chupando hacia abajo también.


Aquí hay una cosa importante que saber: Cualquiera de estos movimientos sentirán bien las primeras pocas veces o más, pero tras un rato, es como si el pene se vuelve inmune al sentimiento. Cuando notes esto, es el momento de cambiar al siguiente juego. No querrás que el pene se vaya a dormir. Lo quieres constantemente estimulado, casi, pero sin llegar, al punto del orgasmo.


Que es justamente donde estamos ahora. Tienes una furiosa erección en tu mano derecha y unas pelotas algo tensas en tu izquierda. Échate atrás y obsérvalo, lleva tu mano derecha a la base del pene y aprieta allí. Esto provocará que el mango se llene y espese, y ahora el glande estará brillante y suave. Continúa manteniendo el pene en tu
boca y chupa y prueba todos tus movimientos variados hasta que sepas que el hombre no puede soportar más y va a dispararse.


Lo que hagas ahora es entre tú y tu amante, puedes observar el disparo. y ve la leche fluir a borbotones. Si quieres mirar, lo sentirás venir con tu mano derecha y sabrás cuando apartarte. Puedes incluso intentar coger algo con tu lengua si eres rápida. Puedes querer tragarlo, algunas lo hacen, y a montones de chicos les gusta que se lo traguen. Ten cuidado de retroceder un poco cuando estalle o si no te atragantarás. Cógelo en tu boca, mantenlo allí y después lo tragas.


Otra solución, salvo que estés haciendo el amor donde no puedas ensuciar, es dejar los tibios, maravillosos jugos derramarse en tu boca y entonces deslizarlos alrededor de la ya húmeda pija. La hace tan escurridiza y deliciosa de tocar! Querrás recorrerla con tus manos, sintiendo el pene duro hacia arriba y esparce la reluciente leche sobre el capullo. Esto también crea una estupenda imagen sensual, para ti y para él.